jueves, 4 de febrero de 2016

Morochito Rodríguez: No ha Nacido Todavía mi Sucesor


"Morocho" Rodríguez en Ciudad Bolívar
n Mi anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes acontecimientos olímpicos
n Morocho fue entrevistado junto con su novia, una linda aeromoza valenciana que trabaja para Aeropostal.

Ciudad Bolívar, 17.10.68 (Especial).
Me ha resultado más fácil entrevistar al Presidente de la Re­pública que al ídolo nacional Francisco Morocho Rodríguez, no obstante que su guardia la de­ja, junto con los guantes, col­gada en el ring. El problema es que a Morochito lo asedian las mujeres y los hombres que ad­miran la reciedumbre de sus pu­ños.
Las mujeres quieren besarlo, que les dé su autógrafo o bailar con él, mientras que los hom­bres sólo quieren estrechar la mano y admirar de muy cerca al "pequeño gigante cumanés".
Desde las cinco y media de la tarde de ayer hasta las once de la noche buscamos el momento más libre y oportuno para Ilegar hasta el campeón y hacerle algunas preguntas para el perió­dico; sin embargo, cada pre­gunta suelta lanzada tuvo una interrupción aproximada de cin­co minutos. Ni la ayuda gentil de su flamante novia, una linda aeromoza, nos pudo evitar las desesperantes interrupciones.
Al fin, tirado el anzuelo, fui­mos pescando en medio del ase­dio de los circunstantes, en me­dio de la aglomeración, del bullicio de la gente, del ritmo del conjunto que animó la fiesta y del cocktail de camarones que sirvieron de primero en la ce­na.
—Morocho, ahora que has anunciado tu retiro del boxeo, ¿quién crees que será tu suce­sor?
Piensa y tira con la misma li­gereza de sus puños y atravesan­do la sonrisa de su novia que me separa de él, contesta:
—Realmente creo que todavía no ha nacido mi sucesor. Además, mi anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes aconteci­mientos olímpicos.
—Entonces ¿qué es por fin? ¿Te retiras o no te retiras? ¿No será que has sido mal entendi­do cuando quieren decir que no darás el salto al profesional?
Morocho trata de darme unas palmadas en el hombro diciendo:
—Eso es. No quiero ser profe­sional, sino un símbolo, pero no un símbolo estático sino acti­vo dentro del boxeo amateur peleando a cada rato, sino que me prepararé cuando sea necesario representar a mi país en un evento internacional de importancia. Así se lo he pro­metido a mi madre, quien se mortifica por mí cada vez que me encuentro entre las cuerdas.
—Muy bien, Morocho, ¿pero qué piensa hacer mientras tan­to?
—Pienso trabajar y alternar mi trabajo con un curso de mecá­nica. -
—¿,Trabajar qué y dónde? —No sé todavía. Tengo que es­perar hasta enero porque me han hecho muchos ofrecimientos que seguramente no cristalizarán has­ta esa fecha.
Morocho desvía la atención ha­cia el doctor Francisco Tepedino Albertini, Gobernador Encarga­do, que está sentado a su de­recha, al tiempo que llegan otras personas para saludarlo. Mien­tras tanto el corresponsal habla con la joven morena vestida de blanco que está con la sonrisa fresca sentada al lado del atle­ta,.
—Y, usted señorita, perdone, ¿es la novia del Morocho? —Sonríe y de sus labios se desprende un "si" sugestivo. —Por favor, ¿puede dar su nombre?
—Rosario González. Soy aero­moza de Aeropostal.
—¿Es imprudente preguntarle la edad?
—No. Tengo 21 años. —¿Tiene mucho tiempo cono­ciendo al Morocho?
—Desde que somos novios. Ha­ce creo que tres meses. Nos cono­cimos durante el vuelo 3118 Mai­quetía-Cumaná-Porlamar.
El Morocho se da cuenta de la conversación y sentencia a su prometida con una mirada.
—Estoy conociendo a tu novia, Morocho.
Mi novia! dice el Morocho fingiendo una sorpresa tímida. Luego hace un gesto basculante con la mano y agrega: —ahí, ahí.
Rosario no se disgusta y el corresponsal prosigue las pre­guntas al campeón.
—¿A quién le debes el título que ahora posees?
—A nadie. A mi mismo, A mi dedicación y esfuerzo.
—¿Quién ha sido tu mejor con­sejero?
—No lo conozco.
—¿Qué opinas del deporte en Venezuela?
—En términos generales es bueno, destacándose más el bo­xeo. El boxeo está dando valo­res que si se orientan bien, se cuidan y conservan, darán mu­chas glorias a Venezuela.
—¿Cuál es tu lado flaco en el boxeo?
—No ha sido descubierto to­davía.
—¿Tu mayor dificultad durante las Olimpíadas?
—Haber tenido que pasar cinco días de hambre tratando de rebajar cinco kilos de peso. —¿Que piensas de Ciudad Bolívar.
arEs una ciudad muy linda y de gente acogedora. Estoy agra­decido de sus tributos y me con­suela saber que la primera vez que vine a una exhibición fui objeto también de una mani­festación de aprecio que ahora se ha multiplicado. Creo que la próxima vez me sentiré más pe­queño de lo que soy ante la gran­deza del corazón de este pueblo.
—Perdóname, Morocho, que te haga esta pregunta; pero veo en mi contacto diario con la ciu­danía que ella está interesada en saber ¿por quién vas a votar?
Morocho hizo un movimiento de desagrado con la cabeza y respondió:
—Nunca he sido político. Estoy conociendo de eso ahora. Eres el primer periodista que me hace esa pregunta,
Y Morocho, visiblemente dis­gustado, aunque se concilió des­pués con el periodista, cortó la entrevista definitivamente y se fue a bailar con una linda jo­vencita que lo invitó sin pedir la anuencia de su novia.


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