lunes, 17 de julio de 2017

Se Extingue el Mono de Guayana

La Fiebre Amarilla, la Contaminación Sonora y el Contrabando Acaban con los Monos de Guayana

Ciudad Bolívar, 18/6/76  (Especial).
La fiebre amarilla o vómito negro, la contaminación sonora y el contrabando han venido acabando con los monos de la Guayana venezolana.
Si quedan colonias de cuadrú­manos deben estar en zonas sel­váticas remotas e inaccesibles toda vez que los monos no pue­den vivir donde hay ruidos y es evidente que las lanchas con motores fuera de borda que 'sur­can los ríos, el tráfico constante de aviones y helicópteros, la explotación de los bosques y las "bullas" diamantíferas han contaminado el ambiente de si­lencio que necesitan los prima­tes para poder vivir.
Cada cinco años se desatan en la selva epizootias de vómito ne­gro que fulminan tanto a los in­dios como a los monos. Por eso suele decirse aquí que cuando un mono cae muerto de una ma­ta, el indio se aterroriza e inme­diatamente busca otros rum­bos.
A su extinción contribuye el contrabando o tráfico ilegal a través de las fronteras con los países vecinos al estado Bolívar y Territorio Federal Amazonas. Exploradores y mineros han da­do cuenta de curiaras cargadas de monos tití, macacos, viudi­tas, araguatos y capuchinos. Los cazan con proyectiles anestésicos y luego los encie­rran en jaulas transportables para ir a engrosar que países vecinos venden a centros científicos de Estados Unidos.
Los monos más solicitados por laboratorios del Norte, según nos informan amerindios que ocasionalmente viajan a es­ta ciudad, son el macaco y el ti-tí. El primero, muy solicitado para los estudios médicos en el campo de la polio y otras enfer­medades, lo pagan a 40 dólares y a 23 dólares; ell Tití destinado a las investigaciones sobre el co­razón y endurecimiento de las arterias.
Asimismo el Tití es solicitado para tenerlo de ornamento en -Its. casas. En esta ciudad hay hogares que exhiben un tití en­cadenado al árbol más frondoso de la casa o en algún sitio que pudiera ser vulnerable por los cacos, pero generalmente mue­ren de tristeza o hay que matar­los porque se vuelven rabiosos y atacan. El año pasado, cerca del Puente Las Campiñas, un U-tí rompió el cordel y atacó mor­talmente a un recién nacido que dormía plácidamente en su ha­maca.