sábado, 6 de febrero de 2016

¿Fósiles o Caprichos de la Naturaleza?



Trescientas Piezas Halladas En Región de la Gran Sabana
Lucas Fernández Peña sostiene que son órganos de seres que vivieron en épocas geológicas anteriores a las nuestras.


El explorador, fundador de Santa Elena de Uairén, Lucas Fernández Peña y su hija Luisa Elena, entrevistado por nuestro enviado especial Américo Fernández. (Foto Bayola).

Santa Elena de Uairén, 27.08.68
(Enviado Especial).
¿Realmente son fósiles o capri­chos de la naturaleza trescien­tas piezas halladas por el explo­rador Lucas Fernández Peña en la región de la Gran Sabana, al Sureste del Estado Bolívar?
El fundador de Santa Elena de Uairén sostiene que son restos de seres que vivieron épo­cas geológicas anteriores a la nuestra. Los ha coleccionado a través de 44 años que lleva explorando esta enigmática re­gión sur del Estado Bolívar con­siderada en su formación rocosa como la más antigua de Vene­zuela.
Extrajo estas piezas Fernán­dez Peña de rocas sedimentarias ubicadas por él en distintos pun­tos de la Gran Sabana y las Conserva celosamente en su "Casa Blanca" de Santa Elena, aquí sobre una loma verdosa con es­tupendos naranjos, donde tam­bién alza su belleza arquitectó­nica la Iglesia de los misioneros capuchinos que llegaron des­pués que el explorador.
Las tiene en hileras sobre una rústica mesa de madera y ca­da una se asemeja con sorpren­dente fidelidad, bien a un ave, a un invertebrado marino, un pez, la media cabeza de un ma­mut, el cráneo de un hombre o el rostro y la masa encefáli­ca de una mujer decapitada. Las formas son realmente pétreas, a semejanza de una obra de ce­rámica modelada por la mano del hombre que bien  pudieran ser fósiles o no a los ojos de un paleontólogo.
Lucas Fernández Peña fue en sus años mozos un estudiante de farmacia nacido en Valencia en el que prendió con avidez el espíritu de aventuras que cul­mina en estas extensas regiones de la Gran Sabana donde amasó con inquietud emprendedora la formación de un pueblo que ya es municipio .y concentra una población superior a los  cuatro mil habitantes.
Santa Elena de Uairén es la capital del Municipio Urdaneta del Distrito Roscio. Está a 15 kilómetros de la línea fronteri­za con el Brasil y a unos cien kilómetros de la frontera con Guyana.
Con un guayare sostenido a la espalda y después de tras-montar penosamente La Escalera, Fernández Peña que para entonces contaba 29 años, llegó aquí en 1924 y lo primero que hizo fue echar a los ingleses que poblaban la zona, más allá de la Sierra Rinocote. Aquí fundó es­te pueblo de clima ideal, con ayuda de los misioneros capu­chinos y se casó con María Jo­sefa Peña, una india que le ha dado diez hijos. Hay unos vein­te más por fuera que el anciano de 73 años se negó a confirmar cuando un poco forzado accedió a hablar con el periodista.
El viejo, de baja estatura, abundante cabello blanco y bi­gote', ojos azules, acucioso e in­quieto, ya no va a la montaña a explorar como en otros tiem­pos. Aquí se ha quedado entre sus libros y con su museo.  Un museo, donde además de los presuntos fósiles también hay innumerables muestras de minerales, desde la diorita de cuar­zo hasta el hierro y el manga­neso.
Lucas Fernández Peña nos habla con la palabra y la actitud del hombre que se ha pasado toda la vida explorando, investigando y cotejando sus hallazgos con Las teorías geológicas y pelen-teológicas. En su biblioteca están libros de ciencias, tanto en español como en francés y portugués. Un Tratado de Palenteología de Bermudo Meléndez leía en la oportunidad de la visita a su casa,
Está el hombre, en plena se­nectud, orgulloso de su edad y de su obra. A esta altura nos dice que lleva escritas más de dos mil cuartillas contentivas de sus Memorias, en las que hay material sobre el problema de la frontera con la "Guayana Esequiba". Es entonces cuan­do dice:
—Yo saqué a los ingleses de aquí hasta más allá de la Sie­rra Rinocote y bajé el pabellón colonialista. Tengo incluso un croquis de esto. Esta tierra es nuestra y tenemos que hacerla respetar.
Pero volvemos otra vez al problema de los fósiles y el vie­jo se muestra reticente. Enton­ces varía la conversación y nos dice que es hermano de Gilberto Fernández Peña, un diplo­mático 'venezolano que estuvo como embajador mucho tiempo en Di­namarca. Lo ubica todavía en Europa, pero hace tres años que nada sabe de él.
Con Luisa Elena, una de sus hijas mayores, alta, de piel fina y muy gentil, le preguntamos con la premura del tiempo que nos impone en viajar "de cola" en un avión, cómo justifica la presencia de fósiles marinos en esta región rocosa y selvática de la Guayana.
—Esto es muy largo de hablar y no quiero profundizar sobre el tema. Sin embargo, creo que en tiempos geológicos la región era bañada por el mar. De aquí la justificación de fósiles invertebrados como moluscos, crustáceos, etc., y también de algunos vertebrados.
Aquí, con algunas gráficas, terminamos nuestra corta entre­vista. El explorador Lucas Fer­nández Peña, tenía que atender a su yerno que llegaba "con una flamante máquina cinematográfica.

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