lunes, 28 de diciembre de 2015

Un Rico Pozo de Diamantes a Cuyo Fondo Jamás llegarán los Mineros

Mirny in Yakutia.jpg
Ciudad Bolívar, 13.04.68 (Especial.)
Un rico pozo de diamantes, a cuyo fondo jamás llegarán los mi­neros, es el que se encuentra en el propio lecho del Caroní, a es­casos metros donde se levanta la ciclópea muralla de la represa de Guri.
El caudaloso río fue desviado para facilitar los trabajos de cons­trucción de la Presa y en el lecho pedregoso y seco quedó un enorme pozo de cincuenta metros de profundidad que por razón del principio de los vasos comunican­tes no ha podido ser secado.
El pozo permanece allí como manantial inagotable, perseveran­do en la constancia del río que muy pronto regresará a su cau­ce. Seis moto-bombas trabajan día y noche desde hace tres años achi­cando las aguas de este pozo, sin que su caudal disminuya lo sufi­ciente. Sus aguas quedarán allí ante la resignación impotente del hombre, que no ha podido aca­bar con ella para ver lo que hay en el fondo.
El Caroní en su tormentosa co­rriente arrastra los diamantes que los fenómenos telúricos a través del tiempo hizo que germinaran en sus entrañas para ostenta­ción del hombre y otras aplica­ciones de mayores alcances. Pe­ro como el lecho del Caroní no es plancha lisa que en pendien­te se interna hasta el Orinoco, sino que a lo largo de su recorrido existen infinidades de po­zos que son como trampas de las grandes riquezas del río, el ave­zado minero de estos medios cree a pies juntillas que este pozo de Guri esconde en su fondo un te­soro fabuloso de piedras precio­sas que sería imposible alcan­zar con los sistemas disponibles y comunes existentes. ¿Qué bu­zo arriesgaría su vida hasta 50 metros de profundidad para ras­par la tierra mineral? La úni­ca forma seria secando el pozo, pero ya se ve que en tres años de constante achicar, nada se ha logrado. La esperanza del minero guayanés se ha esfumado co­mo una canción al viento. No hay manera de llegar hasta el fondo para atrapar la riqueza. En marzo volverá el Caroní por su antiguo y primitivo predio a conjugar sus elementos con es­ta agua de potentes surtidores subterráneos, y la ocasión del mi­nero se hará más ignota y él, lleno de nostalgia por lo que pu­do ser y no fue, oteará el hori­zonte en busca de nuevos para­jes del río donde los pozos sean menos profundos para que la es­peranza y los deseos materiales no se esfumen como brisa en la sabana.

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