viernes, 3 de junio de 2016

Una Tarde Aciaga de 1960 en Ciudad Bolívar

La joven Aurelia Pérez Pulido


Los sucesos que conmovieron a Ciudad. Bolívar: Luis Eduardo Gómez, Eduardo José Ron, Luis Alfonso Magallanes y Juan de la Cruz Coronado, agentes de la terrible Seguridad Nacional del gobierno dictatorial del General Marcos Pérez Jiménez, contra quienes no encontró cargos que formular el Fiscal del Ministerio Público  y cuya libertad provisional fue protestada por el pueblo de Ciudad Bolívar. Bajo los disparos ordenados por el Comandante de la Guarnición, José Antonio Silva Niño, murió la joven Aurelia Pérez Pulido, oficinista de 18 años cuyo cadáver rodean familiares y amigos, hermanados por el dolor. El gobernador  del Estado Bolívar, Dr. Diego Heredia, y el Coronel Noé Martín Benítez, Jefe del Agrupamiento Militar No. 6, quien se encargó de la Comandancia de la Guarnición de la ciudad, después de arrestar al Tte. Cnel. Silva Niño, esperan en el aeropuerto la llegada de las Comisiones enviadas desde Caracas para investigar los hechos y calmar los ánimos exaltados. Frente a la casa que ocupa el Tribunal donde estaban los agentes de la Seguridad Nacional, soldados de la tropa montan guardia para protegerlos. Al tratar de disolver la manifestación con las bayonetas caladas, los soldados cortaron, aunque en forma leve, alrededor de diez personas. La Guardia Nacional también intervino en los sucesos, pero no tomó parte en la carga contra el pueblo. En el aeropuerto de Ciudad Bolívar una multitud recibió a los Comisionados de Caracas. Dos aspectos de la tropa tratando de disolver a los manifestantes del viernes con las bayonetas caladas. Fue en ese momento cuando el Comandante Silva Niño dio la orden de disparar. Silva Niño portaba una ametralladora. Mientras esto ocurría, los es­birros, con el semblante demudado, esperaban en el local del Tribunal la libertad provisional soli­citada por el Fiscal. Otro de los ciudadanos que fue herido por las balas de la tropa: Juan Soto. A la puerta del Tribunal, una camioneta se dispone a sacar a los agentes, para ponerlos en sitio seguro. Y mientras Ciudad Bolívar vivió este drama, el Dr. César Augusto Shoen, Fiscal del Minis­terio Público, no alcanzó a encontrar en el fondo de toda la amargura del pueblo guayanés contra sus verdugos, una sola prueba de culpabilidad y pidió su libertad.




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