domingo, 7 de febrero de 2016

Elías Ynaty Premio Nacional de Pediatría “Pastor Oropeza”




*Concurrió con su obra "Manual de Semiología Pediátrica", en la que plantea un cambio de actitud en la formación del médico
-Queremos un médico distinto, un médico integral, que aprecie al paciente como un todo y no como un ente aislado de su familia y de su comunidad"

Ciudad Bolívar, 3.12.68 (Especial, Américo  Fernández)
Anoche cuando en el gre­mio de médicos se escrutaban los votos para elegir nueva di­rectiva, el doctor Oscar Contre­ras anunció la buena nueva: "El jurado que calificó los trabajos presentados para la opción al Premio Nacional de Pediatría "Pastor Oropeza" - favoreció al Dr. Elías Ynaty, por su obra "Manual de Semiología Pediá­trica".
Los presentes prorrumpieron en aplausos y se levantaron para abrazar al galardonado que toda­vía no salía de su sorpresa; pues estaba compitiendo en el concur­so con trabajos no individuales sino de equipos.
Este premio, instituido por el SAS el 22 de junio de 1964 y que  se ha convertido en uno de los galardones sobresalientes de esta especialidad por el crédito de quienes lo han ganado, consiste en medalla de oro, diploma de honor y 2.000 bolívares.
El Premio lo ganó el año pasa­do, el doctor Hernán Méndez Castellano, director del Centro Clínico de Nutrición, con un tra­bajo en el cual intervinieron cuatro médicos y el mismo trata
eI hambre en el niño venezolano.
Este año ha sido el "Manuel de Semiología Pediátrica" que acaba de ser editado en los talleres de l Universidad de Oriente, la obra laureada y con la cual su autor trata la búsqueda de la adopción de un cambio de acti­tud en la formación del médico, tanto a nivel de pregrado como
de postgrado, a fin de familiarizarlo en el enfoque integral an­te cualquier entidad nosológica.
El doctor Elías Ynaty nos dijo en su lenguaje sencillo que el premio lo considera como un triunfo de la Universidad que le dio oportunidad de incorporarse a la docencia, lo cual lo obligó a estudiar y a perfeccionarse cada vez más.
Consideró —dijo— que este triunfo pertenece por igual a los pediatras Pastor Oropeza y Espi­ritu Santo Mendoza que contri­buyeron esencialmente en mi formación.
El doctor Elías Ynaty, con me­dio siglo de vida a cuesta, casado con Lola Bello, es padre de cua­tro varones y una hembra.
Se graduó de médico cirujano en 1953 y pertenece a la promo­ción Doctor Francisco de Venan­zi. Se especializó en pediatría el 58. Cinco años después cumplió un curso de entrenamiento do­cente en el campo de la Pedia­tría para incorporarse como
Profesor Asociado y Jefe del Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Oriente. Ha publicado diez trabajos científicos basados en su expe­riencia adquirida durante diez años en el Hospital Universitario "Ruiz y Paéz" y ha sabido alter­nar con acierto sus inquietudes científicas con el arte. Es Vice­presidente de la Casa de la Cul­tura, miembro de la Asociación de Escritores y el año pasado publicó uno de sus libros de poesía: "Las Cenizas del Día". El  porque de este Manual ahora laureado de Semiología pediátrica? El doctor Ynaty lo explica en dos partes: —Primero, el Departamento de Pediatría de la Escuela necesita­ba un libro como éste, ya que el pensum de estudios de nues­tra universidad prevé en la en­señanza un semestre de semio­logía pediátrica y la bibliografía en este campo era muy escasa y, además, ninguno de los textos conocidos se adaptaba a la filo­sofía y doctrina de la UDO. Se­gundo, tenía que hacer un traba­jo de investigación que fuera de significación y en suma que sir­viese de aporte a la bibliografía nacional y contribuyese en mi ascenso de Profesor agregado a Profesor Asociado.
El libro de 184 páginas, prolo­gado por el doctor Espíritu San­to Mendoza es sin duda una contribución a la formación inte­gral del médico.
Nuestra Universidad que es ex­perimental, se caracteriza por su empeño en formar un médico distinto, un médico integral que
aprecie al paciente como un todo y no como un ente aislado de la familia y de su comunidad. De allí —explica el Dr. Ynaty— que se hace impostergable que el médico comience a palpar la realidad social, económica, cultu­ral y emocional que rodea al niño venezolano, porque es la única forma de asumir una acti­tud cónsona con la realidad na­cional. En este sentido, modifica sustancialmente en su libro, la historia pediátrica con el fin de llegar no sólo al diagnóstico clí­nico, sino también al de la estructura estructura de la familia con su cor­tejo social económico y cultural. Contrario al criterio general, el doctor Elías Ynaty es de los que consideran la Pediatría no como una especialidad sino como la medicina general aplicada al hombre en su etapa más delicada que es la del crecimiento y desa­rrollo tanto físico y mental co­mo psíquico y emocional.
—Es la única rama de la medi­cina que está más ligada a los problemas sociales. Si hay algu­na especialidad donde el médico palpa mejor los problemas so­ciales de la comunidad es esta la de la Pediatría —enfatizó.
Luego redondea su concepto al expresar que un niño criado en buen ambiente, con buena nutri­ción y una educación apropiada puede llegar a ser un ciudadano cabal y apto, para el desarrollo del país.
—¿Cree usted que la solución está en la socialización de la medicina?
—Soy partidario de la sociali­zación de la medicina, pero creo que una socialización parcial no es suficiente para solucionar el problema de la salud.
—¿Pero la remedia?
—La remedia porque se inclina a conocer la biografía social y. económica de nuestra comunidad.
El doctor Ynaty aclara que no basta con conocer la biografía social y económica de la co­munidad sino que hay que sen­sibilizar a los médicos en un cambio de actitud, que no sólo. tome en cuenta el soma, es decir, la enfermedad, sino los problemas que están incidiendo en el deterioro de la salud. Co­nociendo tales problemas, se pueden plantear con carácter a los organismos competentes.
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sábado, 6 de febrero de 2016

¿Fósiles o Caprichos de la Naturaleza?



Trescientas Piezas Halladas En Región de la Gran Sabana
Lucas Fernández Peña sostiene que son órganos de seres que vivieron en épocas geológicas anteriores a las nuestras.


El explorador, fundador de Santa Elena de Uairén, Lucas Fernández Peña y su hija Luisa Elena, entrevistado por nuestro enviado especial Américo Fernández. (Foto Bayola).

Santa Elena de Uairén, 27.08.68
(Enviado Especial).
¿Realmente son fósiles o capri­chos de la naturaleza trescien­tas piezas halladas por el explo­rador Lucas Fernández Peña en la región de la Gran Sabana, al Sureste del Estado Bolívar?
El fundador de Santa Elena de Uairén sostiene que son restos de seres que vivieron épo­cas geológicas anteriores a la nuestra. Los ha coleccionado a través de 44 años que lleva explorando esta enigmática re­gión sur del Estado Bolívar con­siderada en su formación rocosa como la más antigua de Vene­zuela.
Extrajo estas piezas Fernán­dez Peña de rocas sedimentarias ubicadas por él en distintos pun­tos de la Gran Sabana y las Conserva celosamente en su "Casa Blanca" de Santa Elena, aquí sobre una loma verdosa con es­tupendos naranjos, donde tam­bién alza su belleza arquitectó­nica la Iglesia de los misioneros capuchinos que llegaron des­pués que el explorador.
Las tiene en hileras sobre una rústica mesa de madera y ca­da una se asemeja con sorpren­dente fidelidad, bien a un ave, a un invertebrado marino, un pez, la media cabeza de un ma­mut, el cráneo de un hombre o el rostro y la masa encefáli­ca de una mujer decapitada. Las formas son realmente pétreas, a semejanza de una obra de ce­rámica modelada por la mano del hombre que bien  pudieran ser fósiles o no a los ojos de un paleontólogo.
Lucas Fernández Peña fue en sus años mozos un estudiante de farmacia nacido en Valencia en el que prendió con avidez el espíritu de aventuras que cul­mina en estas extensas regiones de la Gran Sabana donde amasó con inquietud emprendedora la formación de un pueblo que ya es municipio .y concentra una población superior a los  cuatro mil habitantes.
Santa Elena de Uairén es la capital del Municipio Urdaneta del Distrito Roscio. Está a 15 kilómetros de la línea fronteri­za con el Brasil y a unos cien kilómetros de la frontera con Guyana.
Con un guayare sostenido a la espalda y después de tras-montar penosamente La Escalera, Fernández Peña que para entonces contaba 29 años, llegó aquí en 1924 y lo primero que hizo fue echar a los ingleses que poblaban la zona, más allá de la Sierra Rinocote. Aquí fundó es­te pueblo de clima ideal, con ayuda de los misioneros capu­chinos y se casó con María Jo­sefa Peña, una india que le ha dado diez hijos. Hay unos vein­te más por fuera que el anciano de 73 años se negó a confirmar cuando un poco forzado accedió a hablar con el periodista.
El viejo, de baja estatura, abundante cabello blanco y bi­gote', ojos azules, acucioso e in­quieto, ya no va a la montaña a explorar como en otros tiem­pos. Aquí se ha quedado entre sus libros y con su museo.  Un museo, donde además de los presuntos fósiles también hay innumerables muestras de minerales, desde la diorita de cuar­zo hasta el hierro y el manga­neso.
Lucas Fernández Peña nos habla con la palabra y la actitud del hombre que se ha pasado toda la vida explorando, investigando y cotejando sus hallazgos con Las teorías geológicas y pelen-teológicas. En su biblioteca están libros de ciencias, tanto en español como en francés y portugués. Un Tratado de Palenteología de Bermudo Meléndez leía en la oportunidad de la visita a su casa,
Está el hombre, en plena se­nectud, orgulloso de su edad y de su obra. A esta altura nos dice que lleva escritas más de dos mil cuartillas contentivas de sus Memorias, en las que hay material sobre el problema de la frontera con la "Guayana Esequiba". Es entonces cuan­do dice:
—Yo saqué a los ingleses de aquí hasta más allá de la Sie­rra Rinocote y bajé el pabellón colonialista. Tengo incluso un croquis de esto. Esta tierra es nuestra y tenemos que hacerla respetar.
Pero volvemos otra vez al problema de los fósiles y el vie­jo se muestra reticente. Enton­ces varía la conversación y nos dice que es hermano de Gilberto Fernández Peña, un diplo­mático 'venezolano que estuvo como embajador mucho tiempo en Di­namarca. Lo ubica todavía en Europa, pero hace tres años que nada sabe de él.
Con Luisa Elena, una de sus hijas mayores, alta, de piel fina y muy gentil, le preguntamos con la premura del tiempo que nos impone en viajar "de cola" en un avión, cómo justifica la presencia de fósiles marinos en esta región rocosa y selvática de la Guayana.
—Esto es muy largo de hablar y no quiero profundizar sobre el tema. Sin embargo, creo que en tiempos geológicos la región era bañada por el mar. De aquí la justificación de fósiles invertebrados como moluscos, crustáceos, etc., y también de algunos vertebrados.
Aquí, con algunas gráficas, terminamos nuestra corta entre­vista. El explorador Lucas Fer­nández Peña, tenía que atender a su yerno que llegaba "con una flamante máquina cinematográfica.

viernes, 5 de febrero de 2016

Ellas Quieren Llevar una vida Normal En el Mundo de los que oyen y Hablan



Paquita y Dolores, dos valientes  hermanitas que luchan contra el mundo del silencio

Ciudad Bolívar, 19.10.68 (Especial)
Sabemos que los adelantos de nuestra época han contribuido a abrirle caminos de esperanza a los seres invalidados de la voz, el oído o la vista y que en la actualidad existen escuelas adaptadas a sus necesidades y que se han perfeccionado instr­umentos para enseñarles a leer, a hablar y comprender. La prueba en nuestro país se pre­senta en el caso de ciegos gra­duados recientemente de aboga­dos en la Universidad; sin em­bargo, en provincia adentro re­sulta fantástico y milagroso pa­ra el común de la gente, ver a un ciego leer y creerlo capaz de participar en un foro defen­diendo una causa. Lo mismo ocurre con respecto a los sordo­mudos. La gente corriente se sorprende y ve como un hecho sobrenatural el que un sordo­mudo pueda leer la palabra en los labios de sus semejantes y ejecutar algún instrumento mu­sical de difícil manejo para quienes están bien dotados de sus sentidos.
Pero a medida que transcurre el tiempo, esta misma gente tendrá que darse cuenta que no es tan imposible y milagroso el que los ciegos como los sordo­mudos puedan llevar una vida como la de cualquier ser nor­mal. La imaginación y la cien­cia trabajan constantemente a favor de estos seres físicamente deficientes y cuentan con el va­lor, la entereza y voluntad de ellos para vencer sus dificulta­des.
Paquita y Dolores son ejem­plos vivos de lo que pueden lo­grar los seres aprisionados por el silencio y la oscuridad del medio que los rodea. Su caso es más emocionante aún porque se trata de mellizas. Mellizas con ojos luminosos y rostros de ángel.
Paquita y Dolores son vene­zolanas, pero nacidas hace 17 años en Cataluña, Provincia de España.
Ellas viven en un mundo fantástico y etéreo, desde donde sólo se observan seres y objetos que andan. Estamos lejos de creer que vivan bajo una atmósfera de aflicción; por el contrario, no se percibe perturbación psicológica en ellas, al menos, ayer por la mañana cuando el profesor José Francisco Miranda (Fixi) se las ingeniaba para darles clase de piano.
Nos conmovieron estas jóvenes mellizas con "The Fair", del compositor Gurlitt Cornelius, interpretada al piano a cuatro manos. Este fue el ejercicio de prueba para pasar eximidas al segundo año. Fueron las únicas eximidas en teoría, piano y el solfeo que practican, a falta de voz, con un ejercicio rítmico, de medida. Su paso por la Escuela de Sordomudos de Caracas, les permite, mediante una pedagogía especial, asimilar las palabras por la vista según sean los movimientos de los labios y la lengua de su interlocutor. Esto, según el profesor Miranda, ha sido básico en sus lecciones de música, tanto como la instrucción primaria que poseen y su sensibilidad para percibir las vibraciones. Se cree que la perciben porque de otra manera no se concibe que ejecuten el piano.
Su madre, que casualmente se hallaba en la Escuela de Música "Carlos Afanador", cuando nos interesamos por las mellizas, dice que es normal el aparato vocal de las jóvenes, 

jueves, 4 de febrero de 2016

Morochito Rodríguez: No ha Nacido Todavía mi Sucesor


"Morocho" Rodríguez en Ciudad Bolívar
n Mi anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes acontecimientos olímpicos
n Morocho fue entrevistado junto con su novia, una linda aeromoza valenciana que trabaja para Aeropostal.

Ciudad Bolívar, 17.10.68 (Especial).
Me ha resultado más fácil entrevistar al Presidente de la Re­pública que al ídolo nacional Francisco Morocho Rodríguez, no obstante que su guardia la de­ja, junto con los guantes, col­gada en el ring. El problema es que a Morochito lo asedian las mujeres y los hombres que ad­miran la reciedumbre de sus pu­ños.
Las mujeres quieren besarlo, que les dé su autógrafo o bailar con él, mientras que los hom­bres sólo quieren estrechar la mano y admirar de muy cerca al "pequeño gigante cumanés".
Desde las cinco y media de la tarde de ayer hasta las once de la noche buscamos el momento más libre y oportuno para Ilegar hasta el campeón y hacerle algunas preguntas para el perió­dico; sin embargo, cada pre­gunta suelta lanzada tuvo una interrupción aproximada de cin­co minutos. Ni la ayuda gentil de su flamante novia, una linda aeromoza, nos pudo evitar las desesperantes interrupciones.
Al fin, tirado el anzuelo, fui­mos pescando en medio del ase­dio de los circunstantes, en me­dio de la aglomeración, del bullicio de la gente, del ritmo del conjunto que animó la fiesta y del cocktail de camarones que sirvieron de primero en la ce­na.
—Morocho, ahora que has anunciado tu retiro del boxeo, ¿quién crees que será tu suce­sor?
Piensa y tira con la misma li­gereza de sus puños y atravesan­do la sonrisa de su novia que me separa de él, contesta:
—Realmente creo que todavía no ha nacido mi sucesor. Además, mi anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes aconteci­mientos olímpicos.
—Entonces ¿qué es por fin? ¿Te retiras o no te retiras? ¿No será que has sido mal entendi­do cuando quieren decir que no darás el salto al profesional?
Morocho trata de darme unas palmadas en el hombro diciendo:
—Eso es. No quiero ser profe­sional, sino un símbolo, pero no un símbolo estático sino acti­vo dentro del boxeo amateur peleando a cada rato, sino que me prepararé cuando sea necesario representar a mi país en un evento internacional de importancia. Así se lo he pro­metido a mi madre, quien se mortifica por mí cada vez que me encuentro entre las cuerdas.
—Muy bien, Morocho, ¿pero qué piensa hacer mientras tan­to?
—Pienso trabajar y alternar mi trabajo con un curso de mecá­nica. -
—¿,Trabajar qué y dónde? —No sé todavía. Tengo que es­perar hasta enero porque me han hecho muchos ofrecimientos que seguramente no cristalizarán has­ta esa fecha.
Morocho desvía la atención ha­cia el doctor Francisco Tepedino Albertini, Gobernador Encarga­do, que está sentado a su de­recha, al tiempo que llegan otras personas para saludarlo. Mien­tras tanto el corresponsal habla con la joven morena vestida de blanco que está con la sonrisa fresca sentada al lado del atle­ta,.
—Y, usted señorita, perdone, ¿es la novia del Morocho? —Sonríe y de sus labios se desprende un "si" sugestivo. —Por favor, ¿puede dar su nombre?
—Rosario González. Soy aero­moza de Aeropostal.
—¿Es imprudente preguntarle la edad?
—No. Tengo 21 años. —¿Tiene mucho tiempo cono­ciendo al Morocho?
—Desde que somos novios. Ha­ce creo que tres meses. Nos cono­cimos durante el vuelo 3118 Mai­quetía-Cumaná-Porlamar.
El Morocho se da cuenta de la conversación y sentencia a su prometida con una mirada.
—Estoy conociendo a tu novia, Morocho.
Mi novia! dice el Morocho fingiendo una sorpresa tímida. Luego hace un gesto basculante con la mano y agrega: —ahí, ahí.
Rosario no se disgusta y el corresponsal prosigue las pre­guntas al campeón.
—¿A quién le debes el título que ahora posees?
—A nadie. A mi mismo, A mi dedicación y esfuerzo.
—¿Quién ha sido tu mejor con­sejero?
—No lo conozco.
—¿Qué opinas del deporte en Venezuela?
—En términos generales es bueno, destacándose más el bo­xeo. El boxeo está dando valo­res que si se orientan bien, se cuidan y conservan, darán mu­chas glorias a Venezuela.
—¿Cuál es tu lado flaco en el boxeo?
—No ha sido descubierto to­davía.
—¿Tu mayor dificultad durante las Olimpíadas?
—Haber tenido que pasar cinco días de hambre tratando de rebajar cinco kilos de peso. —¿Que piensas de Ciudad Bolívar.
—arEs una ciudad muy linda y de gente acogedora. Estoy agra­decido de sus tributos y me con­suela saber que la primera vez que vine a una exhibición fui objeto también de una mani­festación de aprecio que ahora se ha multiplicado. Creo que la próxima vez me sentiré más pe­queño de lo que soy ante la gran­deza del corazón de este pueblo.
—Perdóname, Morocho, que te haga esta pregunta; pero veo en mi contacto diario con la ciu­danía que ella está interesada en saber ¿por quién vas a votar?
Morocho hizo un movimiento de desagrado con la cabeza y respondió:
—Nunca he sido político. Estoy conociendo de eso ahora. Eres el primer periodista que me hace esa pregunta,
Y Morocho, visiblemente dis­gustado, aunque se concilió des­pués con el periodista, cortó la entrevista definitivamente y se fue a bailar con una linda jo­vencita que lo invitó sin pedir la anuencia de su novia.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Ricos Placeres de Diamantes A 240 Kilómetros de Ciudad Bolívar


Ciudad Bolívar, 24.11.68 (Especial)
Ricos placeres de diamantes han sido localizados y están siendo explotados  de manera intensa al Sur de este Distrito, propiamente en el Río Parupa que desemboca sobre, la margen  izquierda del Caroní.
Centenares de -Mineros profe­sionales, obreros y agricultores desempleados emigran nacía la región en busca de fortuna. To­das las -noticias que vienen de Urimán, el pueblo más cercano a los placeres y en donde los aviones hacen escala, son gene­ralmente buenas.
Las noticias dicen que el minero que menos trabaja saca du­rante la semana cuatro mil bo­lívares en diamantes". Actual­mente se estima que hay unos tres mil mineros concentrados a lo largo de un kilómetro del le­cho del río horadando la tierra día tras día a fuerza de barra y palín. Hay socios de cuatro o seis mineros que en "un corte" de parcela de tierra de cuatro me­tros cuadrados autorizada por el guardaminas, han obtenido una producción de 40 y 50 mil bolí­vares.
Parupa queda entre Urimán y Canaima, a 240 kilómetros de es­ta ciudad trazando en el mapa una línea imaginariamente rec­ta. Para llegar hasta allá es su­mamente difícil y se logra ha­ciendo escala en Urimán por via aérea utilizando aparatos de cor­ta pista, generalmente avionetas
o aviones DC3.  Luego hay que navegar el Caroní y trasponer tres saltos y varios raudales. Esta operación tarda en curiara con motor fuera de borda unas cuatro horas.
La "bulla" del  diamante se ha extendido rápidamente por toda Guayana y de todas, partes del interior se mueve gente hacia la mina. Es sin duda algo excepcional por  este tiempo. No hay c.upo en los aviones. El fluir es constante de esta ciudad a Urimán y de aquí a Parupa. El aeropuerto local ofrece al visitan- te una apariencia distinta a la habitual. En vez de los consabidos turistas y de la gente bien vestida que viaja a Caracas u otras ciudades del país, se ven en los sillones, mesas del bar, comedor y pasillos a recios hombres y mujeres de trabajo, con camisas y faldas arremangadas, sombreros alones y una piel bien tostada, aguardando el próximo vuelo.
Aeropostal ha tenido que intensificar sus vuelos y montar un puente aéreo ininterrumpido entre Urimán y Ciudad Bolívar: sin embargo los mineros se quejan aguardando hasta cuatro días para conseguir cupo.
El movimiento minero de Parupa se parece mucho al que se originó en 1961 y 1962 en Caroní Abajo, a 80 kilómetros de esta ciudad. Las bombas de diamantes que entonces aparecieron en Río Claro, El Merey y Playa Blanca elevaron la producción diamantífera venezolana, durante esos dos años, en 310.669 quilates métricos, o sea, 62.133,8 kilogramos. La explotación diamantífera   en Guayana desde 1930 cuando Lucas Fernández Peña fundó a Santa elena de Uairén y comenzó a trabajar los placeres de diamantes de Paratepuy en las cercanías del río Surucún,  n esta zona fue donde Jaime Hudson (a) Barrabás, encontró una piedra del tamaño de un pera que luego resultó ser una diamante de 155 quilates y cuyo dinero malbarató en largas correrías de parranda y placer.  Barrabás, un negro magro con dentadura recargada de oro, vive ahora en Urimán vendiendo ron y mujeres  cuando se habla con él no quiere recordar los viejo tempos, pero afirma que no se arrepiente del uso que le dio al fruto de su hallazgo.  Guayana es la única región del país rica en diamantes, pero su producción no es tanta como para que Venezuela esté al lado de los grandes productores mundiales como la República del Congo,  república de Suráfrica, Rusia, Ghama, sierra Leona,  sur este de África, Angola, Liberia, Tanganica y Brasil. 
La producción mundial en 1963, por ejemplo, fue de 36.551 millones de quilates, a la que la República del Congo aportó 20.448 quilates, según estadística de la Mineral Yearbook Bureau of USA.  
Venezuela acusa, según estadísticas del Ministerio de Minas, un promedio aproximado de pro­ducción anual del orden de los 105 mil quilates métricos al año. La producción quila­tes en 1962 fue o ha sido la más alta de todos los tiempos.
La producción diamantífera venezolana durante el año pasa­do, según la Carta Semanal del 4 de mayo, fue de 69.629 quila­tes métricos, cantidad que, com­parada con la del año 1966 -que fue de 84.699 quilates- acusa una disminución absoluta de 15.070 quilates métricos, equiva­lente a un descenso relativo del 17,79 por ciento.
Este descenso notable del año pasado venía repitiéndose en el presente año. Pero es posible, en la opinión de la gente del me­dio minero, que la producción normal se restablezca en lo que falta de año con la notable pro­ducción que están arrojando los placeres del Río Parupa, en el Alto Caroní.
Compradores de diamantes que viajan constantemente de Cara­cas a esta ciudad, estiman la producción de Parupa en los dos últimos meses, superior a los 20 mil quilates métricos de diamantes tipos talla, industrial y bort, la que puede representar más de dos Millones, de- bolívares si se' toma en cuenta la superioridad del tipo talla en la producción al precio de Bs. 180 el quilate en el propio sitio de la mina. El tipo industrial se compra a Bs. 40.
A los compradores de diaman­tes, casi nunca les da tiempo ba­jar a los propios placeres dia­mantíferos. La más de las veces, al descender del avión o de la avioneta, encuentran a grupos de mineros con sus frascos llenos de gemas, aguardándolos bajo el cobertizo improvisado del aero­puerto. Aquí mismo liquidan la mercancía sin mucho temor por los asaltantes. Los mineros se conocen muy bien unos con otros y dentro de su espíritu aventurero despierta una gran confianzas.
La hostilidad de la selva, gripe, la fiebre, la fatiga, la dia­rrea y las picadas de la mosca verde, son los grandes enemigos 'de los mineros que hormiguean en las minas de Parupa. No hay vigilancia, no existe asistencia médica, pero el minero lo olvida y se aferra a la tierra en desa­fío perenne.
Juan Ruperto García y Trino Salazar, viejos mineros, nos trá,en abundantes noticias de cuanto °Lune en Parupa y al final han 'de concluir en que es muy bue­no aventurarse a buscar diaman­tes, pero que el diamante tam­bién tiene sus miserias, sus gran­des riesgos y penalidades y que a la postre los más serán los menos favorecidos en esta danza volcánica de los diamantes.

martes, 2 de febrero de 2016

Diamante de 58 quilates Hallado en Guayana

Es el más grande encontrado en Venezuela después del "Barrabás"
Lo halló un humilde minero y lo vendió por 85 mil bolívares a un italiano que piensa exportarlo al Canadá.

Ciudad Bolívar, 22.10.68  (Especial).
Un diamante que pesó 57,85 quilates métricos, de color ama­rillo y con la forma de un oc­taedro, fue hallado en las ricas minas del Guaniamo, Distrito Cedeño, al sur del Orinoco.
Lo halló un humilde minero de nombre Víctor Jesús Túnez, de unos 35 años de edad y quien dijo ser natural del Municipio El Palmar, de este Estado.
Oleg Andreyew, funcionario del Ministerio de Minas, dijo que esta piedra preciosa es la primera, por su forma y pureza, que se halla en Venezuela, pero por su dimensión es la segunda, después de la que halló Teófilo Huckson (a) "Barrabás" en los  placeres diamantíferos de Polan­co. La de "Barrabás" pesó 155 quilates.
La piedra fue justamente ha­llada en un barranco hecho por Túnez, entre La Cuaimita y La Salvación, y en el propio lugar fue vendida por 85.000 bolívares a un italiano, que la trajo hoy a esta ciudad para cumplir for­malidades de ley en la Oficina de Minas.
El italiano,' de nombre Itillgo Leonello, veneciano, es un ex­perto comprador de diamantes, con más de diez años radicado en esta ciudad. Es dueño del ne­gocio "Diamantes Caroní", ubi­cado en la calle Venezuela de esta ciudad. Dijo que no vaciló adquirir el diamante en el pre­cio de 85.000 bolívares, porque tiene la seguridad de que le ga­nará un 30 por ciento más so­bre su valor.
Dijo que se ha asociado con un paisano suyo, Antonio Rossi, quien manufactura diamantes en Toronto, Canadá. Rossi se halla aquí y estuvo esta maña­na en la Oficina de Minas, don­de se pesó y apreció la calidad del diamante.
—En Canadá o Nueva York es posible conseguir un buen      precio a la piedra —informó Antonio Rossi.
El cree que se pueda negociar a 450 dólares el quilate. De to­das maneras expresó que es di­fícil hacer una estimación pre­cisa debido a que una piedra de esta naturaleza sólo aparece ca­da 20 años.
Según informó el italiano Leo­nello, el minero que encontró la piedra lleva seis meses, interna­do en la selva y siempre soñó con encontrar una piedra gran­de. Al parecer es este el sueño de todo buscador de diamantes.
Las minas diamantíferas del Guaniamo tienen un año que fueron descubiertas en un Dis­trito donde jamás se dijo que hubiera diamantes. El Caroní siempre se ha tenido aquí como el río rico en piedras preciosas. Ahora es el Guaniamo, un río que nace en el propio corazón del Distrito Cedeño y desembo­ca en el Cuchivero.
Se estima que unos 12.000 mi­neros se hallan internados en esa región. La producción de diamantes ha sido fabulosa en esa región del Distrito Cedeño.

lunes, 1 de febrero de 2016

Un Fuerte Militar en la Frontera con Guyana Y un Embalse Inauguró el Presidente Leoni en Tumeremo

 Tumeremo, Estado Bolívar, 18.10.68
enviado especial américo Fernández 
Un fuerte Militar para 600 plazas en zona limítrofe con Guyana fue inaugurado hoy por el Presidente de la República Raúl Leoni.
El fuerte fue construido por el ejército venezolano y el Ministerio de Obras Públicas.  Costó 8 millones y medio de bolívares y se comunica por una carretera
con Anacoco y otros lugares de la zona en reclamación. 
La ceremonia de inauguración ocurrió en el patio principal del fuerte y éste fue bendecido or el Arzobispo Crisanto Mata Cova y oficialmente bautizado con el nombre indígena de Tarabay.  El Fuerte Tarabay se halla acantonado desde hace algunos días el Batallón Juan Manuel Cajigal, que comanda el tenien­te coronel Efraín Brady, quien tiene a su cargo la construcción de la carretera El Dorado-Santa Elena de Uairén, que incorpo­rará varias zonas vírgenes al desarrollo nacional.
El Presidente Leoni también inauguró en Tumeremo un em­balse que almacenará siete mi­llones 300.000 metros cúbicos de agua en el rio Pariche y en la quebrada Miriquimo. Dicho em­balse tiene una altura de doce metros y ocupa un área de 275 hectáreas.
El propósito fundamental del embalse es de suministrar agua a la población de Tumeremo, controlar las crecientes y regar una superficie agrícola de 500 hectáreas. Su costo  sobrepasa
los seis millones de bolívares. El ministro de la Defensa, ge­neral Ramón Florencio Gómez, al referirse a la inauguración del Fuerte Tarabay, dijo que la obra fue proyectada y supervi­sada por el Servicio de Ingenie­ría Militar y ejecutada por la Zona 9 del Ministerio de Obras Públicas.
El Fuerte Tarabay tiene un costo de 9 millones de bolívares y cubre un área urbanizada de 26.000 hectáreas con 14.000 me­tros cuadrados de vías pavimen­tadas. Dispone de carretera de acceso de cinco kilómetros de longitud por 12 metros de an­cho. La energía eléctrica será suministrada por Cadafe y cuenta con una planta propia para una eventual falla de la energía eléctrica.